Reputación, palabra que se mima en la actualidad y no tiene nada que ver con la canción de Ricardo Arjona. Puedes estar despechado pero nunca subirás una foto triste en tu Instagram porque tu reputación de persona feliz y exitosa se puede quebrar… En la miniserie A very english scandal el tema sale a relucir a través de otros matices.

En el último proyecto del director inglés Stephen Frears, producido para la BBC y protagonizado por Hugh Grant y Ben Whishaw, se cuestionan temas como la homosexualidad, las políticas británicas de los 60 pero, sobre todo, se debate la reputación patriarcal y lo que ella conlleva para el mundo de los hombres, antes y ahora.

A very english scandal es una historia real, un biopic de una parte de la vida del político británico Jeremy Thorpe, que revela las relaciones homosexuales que mantenía con Norman Scott. La serie también refleja la ruptura de la pareja, sus vaivenes y, posteriormente, el intento de asesinato de Scott.

A very english scandal reflexiona sobre la decadencia de los modelos masculinos y los prejuicios imperantes

El interés  por la serie se debe a lo actual de su temática. A pesar de que recrea los años en que ocurrieron los hechos, entre 1962 y 1970, A very english scandal reflexiona sobre la decadencia de los modelos masculinos y los prejuicios imperantes, sobre el deber ser de los hombres que tanto ha afectado a la vida y a la sociedad.

El personaje de Jeremy Thorpe recurre a sus amigos para hablar con libertad de su homosexualidad, de su disfrute del sexo con hombres; sin embargo, al enamorarse de Norman Scott y verse expuesto, desprecia ese amor porque su reputación como político y hombre very, very british, está en juego. En la mente de Thorpe, su reputación va primero, a pesar de que el mismo Parlamento en donde trabaja haya dejado de ver como delito mantener relaciones homosexuales desde 1967. Pero Thorpe es sabio en su forma de pensar. A pesar de que su mejor amigo le recuerda la existencia de la ley y, por lo tanto, la no condena legal, el parlamentario sabe que una ley no deroga prejuicios; por eso prefiere seguir ocultando su vida sexual, mantenerse en ese armario casposo de conservador británico antes que ser un ejemplo reivindicativo.

Siguiendo con la farsa para mantener su reputación, Thorpe decide casarse y tener hijos, porque sabía que su carrera como político despegaría y su ambición de llegar al número 10 de Downtown Street era más importante que su propia identidad. A pesar de haber muerto en 2014, ¿no conocemos acaso historias semejantes a la de Thorpe en la sociedad actual? Muchos orgullos, desfiles y matrimonios del mismo sexo, pero el perjuicio sobrevive. ¿No es un síntoma de nuestros tiempos el miedo al qué dirán antes que el amor por nuestra verdadera identidad?

Muchos orgullos, desfiles y matrimonios del mismo sexo, pero el perjuicio sobrevive.

Es ahí cuando volvemos a Thorpe y a su reputación. Es ese miedo a perder su notoriedad lo que hace que al final pierda su rumbo como parlamentario y deje la política.Por su parte, Scott, lo único que quería del político al principio era su amor, y luego al chantajearle, una simple tarjeta de sanidad. Es por ello que Thorpe no ve la hora de sacarse de encima a su amante, tramando un plan junto a sus amigos para asesinarlo. El plan es tan torpe que fracasa y Scott continúa con lo que ha hecho desde que terminó su relación con Thorpe: denunciarlo a través de las cartas de amor que recibía de su amante.

Sin embargo, el juicio público y mediatizado, expone a Thorpe pero lo declara inocente. Norman Scott seguirá sin tarjeta de sanidad hasta nuestros días, mientras Thorpe se irá a la tumba habiendo perdido su carrera política y, de sus años de relaciones con hombres, los buenos recuerdos que le quedarán será el tiempo que compartió con Scott.

 

 

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