En su obra Casino Women, las autoras Susan Chandler y Jill B. Jones reúnen las experiencias y conversaciones mantenidas con distintas trabajadoras del sector del juego tanto en Las Vegas como en Reno; mundos en los que las funciones femeninas durante mucho tiempo se limitaron a actividades estereotípicamente reservadas a las mujeres (limpieza, camareras o llamativas azafatas).

Pero hoy en día las circunstancias han cambiado y no es raro encontrar mujeres casi en cualquiera de las funciones que se desempeñan en estos lugares de ocio. Las cualidades que debe reunir un buen crupier, por ejemplo, se pueden encontrar en ambos sexos por igual y en la actualidad es tan frecuente encontrar crupieres masculinos como femeninos. Si se necesita don de gentes, memoria visual, destreza mental y tacto, está claro que el género femenino puede hacerlo tan bien como el masculino.

De hecho, en puestos de trabajo en los que se cuente con la posibilidad de que algún usuario albergue mucha negatividad hacia el establecimiento (recordemos que no siempre se gana en el casino), se suele preferir la presencia de una mujer en la primera línea de atención. Las explicaciones atribuyen este hecho a una hipotética mejor gestión de las emociones por parte de las mujeres, aunque otras estadísticas lo atribuyen más bien al hecho de que un mayor número de ellas busca trabajos a tiempo parcial.

Como quiera que siguen existiendo profesiones dentro del sector reservadas al género femenino, y que éstas han podido acceder a muchas otras con el paso de los años; nos encontramos con que un mundo como el del juego, que mueve tanto dinero depende, en gran parte, de la actividad de muchas mujeres.

Imagen: Amazon.com

En este sentido aclaran las autoras que los dos bloques en los que se divide el trabajo femenino en el sector del juego (prestadoras de servicios vs. profesionales del juego) no solo se diferencian en su quehacer o su nivel de remuneración: como colectivos han resultado tener un comportamiento radicalmente distinto a la hora de defender sus derechos laborales.

Hablan en Casino Women de casos muy concretos: camareras de piso en los grandes hoteles-casino de Las Vegas que, en poco tiempo, vencieron su miedo a reivindicar agrupándose en torno a un sindicato muy particular, la Culinary Union. Se trata de un sindicato que ha traído de cabeza al propio Donald Trump y que excluye de sus listas a trabajadores que desempeñen profesiones directamente relacionadas con el ejercicio del juego, como crupieres, jefes de sala o gerentes.

Este sindicato ha ido realizando su labor con éxito consiguiendo ser una de las asociaciones más reivindicativas en USA y con más éxito a la hora de mejorar las condiciones de este colectivo. Centran Chandler y Jones la atención en su libro precisamente en la lucha de estas mujeres contra las grandes corporaciones del juego.

En contraposición, las mujeres que han conseguido acceder a puestos intermedios de mando o a trabajos más técnicos no desarrollan ni de lejos la misma actividad reivindicativa que sus compañeras del delantal. Probablemente se sientan demasiado cercanas a los puestos de mando y temen no poder asociarse discretamente, o quizá no quieren ver las condiciones de sus compañeras.

Sea cual sea el motivo, y admitiendo la buena noticia que es que las mujeres se haya incorporado por fin a sectores profesionales en los que era impensable encontrarlas no hace tanto, queda de relieve que todavía queda mucho por hacer en cuanto a la consecución de mejoras en las condiciones de trabajo de muchas féminas.

Huelga de casimeras – imagen: Wikipedia

Desde que a principios del siglo XX las camiseras de Nueva York demostraran al mundo que la unión hace la fuerza, hasta el día de hoy, se han conseguido grandes avances gracias a la movilización de colectivos de mujeres de los que se benefician ambos géneros.

Casino Women ofrece un retrato fiel acerca de las bambalinas del sector del juego, destapando la otra historia detrás de los espectaculares hoteles y luces de neon de Las Vegas.

 

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