“A finales del siglo XX -nuestra era, un tiempo mítico-, todos somos quimeras, híbridos teorizados y fabricados de máquina y organismo” escribió la académica post-humanista y teórica feminista Donna Haraway en su icónico ensayo  A Cyborg Manifesto, a principios de los ochenta, exactamente en el orwelliano año de 1984. Su ensayo abordó el artificio en torno a las normas de género, imaginó un futuro para el feminismo y propuso al cyborg como el líder de un nuevo orden mundial. Parte humano y parte máquina, el cyborg desafió los prejuicios raciales y patriarcales.

En la década de 1980, la tecnología informática estaba dominada por hombres; era una herramienta hecha por hombres y para hombres, solo en la ficción había igualdad. Fue ahí donde se inició la duda ciberfeminista: ¿podríamos usar la tecnología para hackear los códigos del patriarcado? ¿Podríamos escapar del género en línea?

A Cyborg Manifesto – Donna Haraway

El cyborg planteado por Haraway se convirtió en el ciudadano ideal de las ciberfeministas para un mundo post-patriarcal. Ese nuevo “ser” de Haraway encarnaba la noción de nueva identidad, cuando la feminidad se hibridaba en un todo y, simultáneamente, en nada. Mientras el cuerpo sea una idea inmaterial, su semejanza es maleable y se puede crear para ser potencialmente indomable. Los puntos de vista de Haraway, ratifican la idea de que “no hay nada en ser ‘mujer’ que inherentemente ate a las mujeres”, intentando transformar nociones reductivas y binarias de género en valores lógicos más allá del espectro 0-1. “Las imágenes de un cyborg pueden sugerir una salida al laberinto de dualidad en el que explicamos nuestros cuerpos y nuestras herramientas a nosotros mismos”, afirmaba Haraway.

Por su parte, la teórica cultural Sadie Plant, considerada para algunos la madre del ciberfeminismo, ha argumentado que los hombres han tenido todo que perder con las nuevas técnicas del ciberespacio y la era digital. Las mujeres son más poderosas en la intersección de la naturaleza y el artificio, argumenta Plant en su ensayo Ceros + unos (Errata Naturae). En su opinión, prosperamos utilizando cosméticos y adornos artificiales, fortaleciendo a la perfección la integración de esas tecnologías en nuestras identidades, tejemos redes, convirtiéndonos en una red en sí misma. Quizás Plant acertó al describir tanto a la primer programadora, Ada Lovelace, como al mito griego de Aracne, la tejedora que se volvió araña.

Aracne por Gustave Doré

El ciberfeminismo se elevó a lo largo de la década de 1990, cuando una constelación creciente de mujeres comenzó a practicar bajo su paraguas en diferentes rincones del mundo. En 1992, en Australia, se creó el colectivo The VNS Matrix; cuatro poderosas mujeres hackers, amantes de las máquinas. Josephine Starrs, Julianne Pierce, Francesca da Rimini y Virginia Barratt decidieron divertirse con la teoría feminista francesa codificando juegos e inventando avatares como una forma de criticar el paisaje machista de la naciente web.  Con The VNS Matrix el ciberfeminismo se hacía conocido en el mundo, ya que fue el primer colectivo de artistas que utilizaba esta rama feminista para describir su práctica. Las australianas escribieron su propio manifiesto en homenaje a Donna Haraway. Manifiesto ciberfeminista para el siglo XXI  afirmaba: “somos el virus del nuevo desorden mundial”. TNS Matrix también desarrolló All New Gen un juego de ordenador a modo de sátira para realizar críticas sobre el porno y los elementos sexistas en el mundo de los videojuegos. Las expresiones artísticas en gran parte de lo que hoy llamamos Data Art provienen de los experimientos ciberfeministas.

ciberfeminismo
Manifiesto ciberfeminista para el siglo XXI por The VNS Matrix

Para el año de 1997 ya había suficientes personas identificadas como ciberfeministas para justificar una reunión. La Primera Internacional Ciberfeminista fue organizada por un colectivo de Berlín, satíricamente llamado Old Boys Network, para alertar sobre los privilegiados círculos masculinos con los que se alimenta el patriarcado. Las cinco mujeres del colectivo enmarcaron el evento en Documenta X en Kassel, donde se reunieron 38 mujeres de 12 países, siendo una oportunidad para “ensuciarse las manos con los códigos y el hardware de la tecnología de la información”. Durante el evento, programadores y artistas produjeron una nueva consiga o anti-manifiesto llamado 100 Anti-Theses of Cyberfeminism donde se explicaba el movimiento e inclusive si hacia autocrítica: “el ciberfeminismo no es una fragancia”.

A finales de los 90 el ciberfeminismo se resistía a la definición fácil y, como lo demostró este último manifiesto, hubo múltiples interacciones y nociones contradictorias de lo que era y no era este feminismo cibernético.

100 Anti-Theses of Cyberfeminism – Imagen: Slideshare

El calendario de la web de Old Boys Network nos lleva hasta el año 2003, la función de línea de tiempo del feminismo hasta 2005. En 2012 se publicó una reevaluación del movimiento titulado  Cyberfeminism 2.0 . ¿Pero qué pasó en el ínterin?

El manifiesto de Haraway se reeditó en 2016, nueve años después de la Internacional Ciberfeminista. A estas alturas y luego de varias olas del movimiento, el ideal ciberfeminista -atacar la rigidez de la identidad femenina y difuminar las concepciones de una “forma” femenina estática a través de la tecnología- debería ser la cultura dominante, no un arte marginado. Sin embargo hay signos de experimentación: la primera oleada de su segunda ola -sí suena cacofónico pero así somos las feministas-, introdujo al colectivo artístico Cybertwee, quienes usaron la ternura, la suavidad, los sentimientos y la belleza para feminizar las artes en los nuevos medios. También se produjo el xenofeminismo “antinaturalista”, que promete construir “un feminismo adaptado a la abstracción, la virtualidad y la complejidad, utilizando la alienación como un impulso para generar nuevos mundos.

Dark web handbook, proyecto de Cybertwee

Quizás una verdadera revisión de la mujer cyborg de Haraway se dará cuando las mujeres tengan más oportunidades para estar al frente de sus experiencias digitales. Más allá de teorías deberíamos volver al a revisitae el ciberfeminismo de finales de los noventa, así sea que tengamos que volver hacer autocrítica a posteriori y decir Oops!…I Did It Again.

 

 

No seas egoísta, comparte:
  • 10
  • 4
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •