Los encuentros entre él y yo consisten mucho más que fricciones físicas que hacen desgastar la piel, es dejar que las manos miren por uno mientras que la pupila despoja las vestiduras y se muestre el lado más sensible de la piel.

Su transpiración de hombre se vuelca entre mis pechos que piden el beso inmaculado del placer, mientras yo voy recorriendo con la punta de mi lengua su fisionomía. La gula por el afán de sentir invade todos los espacios de mi cuerpo, dejando que entre a mi templo y haciendo de sus gemidos el mantra que acompaña mis más secretas meditaciones.

Alimentarme de la pasión consiste en adornar la batalla en miradas que dejen en mi consciente un fotograma personal, impúdico, erótico y sólo mío. Una tarde cualquiera luego de compartir un café y algunas risas, me toma por sorpresa su intención de equilibrista, sin titubear desnuda el afán poco a poco, la completa dominación de un hombre alfa que viene a complacer las peticiones que aún no termino de confesar, el sabor de su saliva compone sobre mis labios todas las vocales de su nombre.

Y justo ahí sin decir nada, sólo los verbos que se escapan al aire y escriben demandas húmedas, entre el calor del movimiento y la calentura del momento, pica la curiosidad por la comisura del ojo y en un acto de tele transportación el espejo me explica sin usar argumento la unión perfecta entre mi amado y yo.  Una combinación de colores y texturas incrementa el morbo por continuar mirando, su piel morena, la perfecta complexión que enmarca cada uno de sus músculos, sus manos fuertes de hombre que se tatúan en mi espalda, su barba que enrojece la fruición de tenerlo tan cerca. Seguí en  mi rol de espía, conociendo los ángulos del amor y de la pasión, sus movimientos que poco a poco construyen un clímax que sólo él sabe hacer para mí (y por mí), mientras mi rol de voyeurista solo condimenta mi deseo de seguir y seguir. Cuando nos entregamos de ojos cerrados, otra mirilla se destapa para que observemos con detalle la glotonería de comerse de pies a cabeza, despeinada y sin aire, me recuesto sobre su pecho a comer del chocolate de su cariño mientras revivo el momento perfecto… frente al espejo.

Hola soy Cornelia Amor hablar de esto no me hace cortesana, me hace libre y este es el otro lado de mi espejo.

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