Miles de palabras están en la Real Academia Española pero, el lenguaje en general, va más allá de un diccionario. El lenguaje se construye con el uso, producto de relaciones interdependientes, centrándose en los procesos del discurso, así como en sus explicaciones sociales, literarias e históricas.

En el caso del lenguaje de lo erótico todo tiene su historia y mayoritariamente su práctica, que va más allá de lo sexual, del acostarse con un hombre, una mujer, hacer un trío o contratar escorts de lujo en una agencia, por mencionar algún gusto o vertiente del consumo sexual.

El lenguaje de lo erótico comienza homónimamente. La palabra erótica es un cultismo que se refiere al apetito sexual. Erótica proviene del griego erotika y del dios del amor Eros, conocido en su versión romana como cupido. En griego, la inclusión del sufijo ika, conecta a Eros y todo lo relacionado con él.

Los protagonistas de la atracción física son simples sujetos, llevados por el deseo de posesión: somos nosotros, tanto el hombre como la mujer. La etimología de lo erótico crea nuevas palabras en la contemporaneidad para sus protagonistas, como por ejemplo, escort, que proviene del italiano y define a aquella mujer que acompaña y guía el amor erótico. En lo masculino, lo macho se impone para representar la virilidad del hombre en el acto sexual y en la vida cotidiana. Macho proviene del latín másculus y puede multiplicar su significado a variantes como martillo o pieza que encaja dentro de otra.

Tracey Emin. "Cunnilingus". 2012. Monoprint on paper
Tracey Emin. “Cunnilingus”. 2012. Monoprint on paper

Para continuar con el proceso erótico se necesita un disparador, un motivo físico que genere la atracción de los protagonistas. Es allí cuando confluyen la furia y la fiebre. La primera palabra designa un acceso de locura, el arrebato demente, el extravío violento o una fuerte agitación. Por su parte la segunda palabra, que proviene del latín febris, representa todo aquello que se quema, arde, se calienta.

Según diferentes lugares comunes, sino se logra que el disparo o que la motivación se active o atraiga al eros, la diosa del amor erótico y la sensualidad, Afrodita –quien le debe su nombre a la espuma- tiene una pócima para ayudar a los necesitados: el afrodisíaco. No es de extrañar, que el imaginario en torno a lo afrodisíaco en la gastronomía contemporánea, tenga que ver con las comidas espumosas.

El estadio final, la decadencia del clímax luego del encuentro erótico es aquello que lleva al gocegaudium en latín-, esa satisfacción y toda la alegría que se mueve como resultado del encuentro.

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