Siempre me han gustado las películas de atracos. De pequeño, solía quedarme absorto ante la pantalla de la televisión esperando que una locutora anunciase formalmente el inicio de alguna de ellas.        

                                                                                                                                                —“Soy un buen ciudadano”                                                                                                                                                  —“ Y  yo el Pato Donald”

Dennis Haysbert a Al Pacino en Heat (1995)

por José Miguel Muntadas García

 Otros días hundía mi culito en la butaca en el cine de sesión continua del barrio soportando el final de un insustancial filme de artes marciales  con tal de conseguir enterarme bien de la trama del primer pase de la peli que había estado esperando.  Deseaba con todas mis fuerzas que al final la banda consiguiese salirse con la suya y pudiese disfrutar del botín. Mi tendencia a ponerme al lado del delincuente quizá venía determinada por la  inminente dosis de rebeldía inherente a la cercana adolescencia o porque de alguna forma ya intuía que los auténticos ladrones no se sitúan detrás de los cajeros de las entidades bancarias sino que están delante. Sea como fuere, el hecho de poder ver cómo era factible desbaratar todo un entramado de medidas de seguridad a priori imposibles de superar conseguía fascinarme, y aún hoy lo sigue haciendo.

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El subgénero de atracos surge como una rama específica del cine negro y criminal. Si bien en España escasean los estudios sobre el mismo, en el mundo anglosajón existen diversos tratados sobre el tema coincidiendo con un resurgimiento del interés del público por las denominadas Heist Movies (películas de atracos). Aunque en un primer momento todos podríamos asegurar saber cuándo nos encontramos ante un título de estas características, lo cierto es enseguida aparecen una serie de cuestiones que se cuestionan en cierta forma ese paradigma. ¿Es, por ejemplo,  Tarde de Perros (Dog Day afternoon, 1975) una cinta de atracos? La trama a primera vista llevaría a contestar rápidamente que sí: tres ladrones entran a plena luz del día en una sucursal bancaria para dar un golpe y llevarse el botín. Sin embargo, el desarrollo argumental que hace Lumet se acerca más al drama psicológico que al típico esquema del subgénero. ¿Son, por el contrario, Pelham, 123 (The Taking of Pelham 123, 1974)  o Los violentos de Kelly (Kelly´s Heroes, 1970) films que deberían incluirse en una hipotética compilación de este tipo? En el primero de los casos se trata de un convoy del metropolitano detenido a la fuerza y sobre el que se exige un rescate y la segunda es una cinta bélica en clave de comedia en el que unos soldados norteamericanos deciden por su cuenta atracar un banco repleto de oro tras las líneas alemanas.

Son diversos los elementos que pueden hacer decantar la balanza hacia un lado u otro, —no olvidemos tampoco las parodias que existen sobre el subgénero como Topkapi (Topkapi, 1964), La Pantera Rosa (The Pink Panther, 1963), El Quinteto de la Muerte (The Ladykillers 1955), Atraco a las Tres (1962) etc— pero lo cierto es que si repasamos  los títulos de la época clásica formal encontramos una serie de pautas comunes que suelen repetirse en esa primera etapa. En el origen, normalmente se trata de un ex convicto el que establece un plan motu proprio o por encargo para dar un golpe en algún establecimiento físico, normalmente una boutique de gemas preciosas. Para ello reúne a una banda de especialistas que consiguen llevar a buen puerto el atraco. Sin embargo, ya sea por mala suerte o por desviarse de algún modo de las instrucciones dadas finalmente son atrapados por la policía, o mueren a manos de ésta. Este fin era inevitable ya que la censura imposibilitaba que ninguna acción criminal quedase sin castigo. Joyas (nunca mejor dicho) como La Jungla del Asfalto (The Asphalt Jungle, 1950) Rififí (Du Rififi chez les hommes, 1955) Atraco Perfecto/Casta de Malditos (The Killing, 1956) Cómo robar un millón, How to Steal a Million 1964 o Ladrona por Amor, (Gambit 1966) La Cuadrilla de los Once (Ocean´s Eleven, 1964) y un sinfín más  son perfectas muestras de este estado embrionario en cuanto a heist movies se refiere.

Heist Movies-Poster - Ladykillers, The (1955)

Con la contestación social que se produce a finales de los años sesenta y el principio de la década de los setenta, estas consideraciones éticas se ponen en entredicho. Se produce un estallido de este tipo de cintas que ponen en cuestión valores hasta ahora indiscutidos como el sistema capitalista, la ley y la autoridad. Junto a la innovación técnica (continuos flash backs para contar la historia, superposiciones lisérgicas de sueños, etc) y artística desaparece esa necesidad de dotar de un discurso moral a las cintas y se presenta en diversas ocasiones al atracador como un bandido que lucha contra el sistema pero que no carece de ideales románticos. Títulos como A Quemarropa (Point Blank,1967), La Huída (The Getaway, 1972) Un botín de 500.000 dólares (Thunderbolt and Lightfoot, 1974) Butch Cassidy (Butch Cassidy and Sundance Kid, 1969) desbordan las carteleras en aquellos años. No será hasta principio de la década de los años noventa cuando se produce una revitalización del género Heat (Heat,1995) Un Plan Brillante (Flawless, 2007) Plan oculto (Inside Man, 2008) Swordfish (Swordfish,2001), El gran golpe (The bank job, 2008) Asalto al Banco Central (Assalto ao Banco Central, 2011, entre otros. Todavía hoy repaso con ansiedad la cartelera de cine y compruebo cómo la programación aún recoge algún título interesante. Es entonces cuando vuelvo a sentir aquella pulsión infantil por colocarme un pañuelo en el rostro y soñar decir: hands up Motherfuckers…!!!

̾El presente artículo está basado en un ensayo que escribí hace tiempo sobre el mismo tema; “Muévase Lentamente, Una revisión crítica de las Heist Movies”

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