Hay libros de los que se sale. Me refiero a esa sensación vívida de estar saliendo de una historia en la que se estuvo inmerso. Son esos libros a los que nos cuesta un poco volver; no porque no queramos saber más de ellos sino porque sus historias ya se han quedado con nosotros. Pero cuando lo hacemos es porque echamos de menos ser parte de ellos, de sus historias y sus personajes. Hay libros, entonces, de los que sale después de haber habitado (pensando el habitar desde Heidegger) en el mundo posible que decidieron abrir para nosotros.

También hay libros de los que se sale como quien lo hace de un edificio que hemos recorrido igual que en esos sueños donde los espacios se agrandan y contraen, o parecen ser líquidos y los recorres a tu antojo a pesar de que algo superior ha fijado el recorrido previamente.

De ambas maneras se sale de las tres novelas publicadas hasta la fecha por el escritor catalán Juan Trejo. Sin embargo, el propósito de esta nota no es hablar de la obra completa de Trejo, aún incipiente, aún en construcción. Incluso teniendo la seguridad de que ya podría hacerse un estudio de los elementos que engloban al menos sus tres libros (pues podríamos pensar también en sus cuentos) y de cómo estos dialogan, pues vaya que lo hacen: «Sin duda hubo un momento en el que las cosas empezaron a torcerse, se dice. Y ese momento está ahí, en el pasado, en nuestro pasado. Es posible que no se trate de un momento puntual, un big bang de la separación matrimonial, pero en algún punto de su trayectoria como pareja tuvieron que empezar a contarse historias diferentes. Y debió ser algo sutil, porque de lo contrario, de haberse tratado de algo obvio y llamativo, ese momento, o suma de momentos, desprendería suficiente fulgor al echar la vista atrás como para destacar entre la bruma de sus recuerdos; como sucedería con una ciudad incendiada o bombardeada en mitad de la noche», leemos en La otra parte del mundo y resulta inevitable pensar en las historias de El fin de la guerra fría y La máquina del porvenir. Pero aquí quiero hablar únicamente de La otra parte del mundo, aun cuando el recurso de pensar en un libro como el recorrido de un edificio pueda resultar obvio si sabemos que el protagonista de esta novela es un arquitecto. Mas en este caso no lo es en absoluto, pues la construcción de la trama narrativa es mucho más que la relación de Mario con todos los detalles arquitectónicos y de urbanismo que despliega la novela para contar esta supuesta historia de amor que termina demostrando que la vuelta al hogar es en realidad la vuelta a uno mismo.

Trejo cumple una vez más a cabalidad con la que podría considerarse ya su apuesta narrativa, su voz: la advertencia inicial («Esta es una historia de amor» es la primera línea del libro), el recorrido, el viaje, el deambular y la pérdida de rumbo como ejes centrales o leitmotiv de lo que quiere contarnos, de esa historia a la que entraremos para salir luego sintiendo que, de alguna manera, nos han contado también a nosotros mismos. Una historia, en definitiva, que parece tener un «no» siempre por delante y que nos hace saber que el desamor, no todas las veces, es necesariamente la falta de amor.

Parte del Poema visual transitable de Joan Brossa | Foto: Ariana Basciani

Barcelona, siempre Barcelona

Después de vagar por las casas de varios de sus amigos por distintos períodos de tiempo en cada de una ellas, Mario Aldana decide volver a Barcelona, donde aún viven su exmujer y su hijo adolescente. Una vez allí, su ciudad comienza a hablarle por medio de una serie de dibujos que va encontrando furtivamente en lugares significativos de su vida y que él cree ha ido haciendo su hijo como una forma de comunicarse con él, su padre, con quien nunca ha tenido una relación cercana después del divorcio.

En Mario hay culpa y dolor, incluso arrepentimiento, por todo lo que ahora considera perdido y que en algún momento sintió como el centro de su vida. Entonces, el recorrido por la ciudad, en el afuera y sus afueras, se vuelve una intimidad donde el significado que se va construyendo en su cabeza dialoga con las referencias que toda la novela va estableciendo con El maravilloso Mago de Oz, una analogía brillante con la búsqueda que plantea Lyman Frank Baum en lo que sin duda es ya una mítica representación de la búsqueda de lo que somos realmente y, claro, del hogar. Ese lugar que deja de ser geográfico.

Así, Barcelona podría ser Kansas, pero es la ciudad condal y no otra la que llena de enfoques la vida de los personajes de Trejo en La otra parte del mundo; esa otra parte donde habita la memoria, la que tiende a activarse y desactivarse debido a impulsos exteriores que no parecen responder a tu control. Pero también lo que nos duele y lo que amamos, y que, paradójicamente, es justo donde debemos y queremos estar.

El relato siempre salva

La otra parte del mundo es una historia necesaria. Imbuidos como estamos en relatos delirantes, de distopías, de senderos que alteran nuestra mirada hacia lo fragmentario, la novela de Trejo nos vuelve a conectar con el relato del amor, con el del recuerdo; con ese relato que conecta lo simbólico con lo real, con el cuento que cumple una trayectoria junto con sus personajes, que toca lo íntimo a la vez que se buscan los grandes temas de siempre, pero no por medio de la nostalgia de lo perdido por medio de su reproducción fiel sino con la nostalgia de lo que somos realmente en la transformación de lo que haya podido obrar precisamente en nosotros mismos el tiempo pasado.

La novela de Trejo nos recuerda, finalmente, que el pasado tiene que ver con la eternidad y no con lo perdido. La otra parte del mundo es, como lo dicen sus líneas, «un relato sencillo pero consistente, al que pueden agarrarse con todas sus fuerzas, sin cuestionarse nada. Un relato que lo explica todo». Un relato del que se sale sabiendo que vale la pena perderse y encontrar, porque en tamaña llaneza termina sosteniéndose la vida.

***

Juan Trejo (Barcelona, 1970) es licenciado en filología hispánica por la Universidad de Barcelona, narrador y traductor. Fue miembro del consejo de redacción de la desaparecida revista Lateral y codirector de Quimera, junto con los escritores Jorge Carrión y Jaime Rodríguez Z. En la actualidad es profesor en la Escuela de Escritura del Ateneu barcelonés y colaborador del suplemento Cultura/s de La Vanguardia. Sus relatos han sido publicados en las revistas Lateral, The Barcelona Review, Altaïr Magazine y en las antologías Amor global (y otras infamias) (Laia Libros, 2003) y Crossing Barcelona (Luchterhand, 2007). Es autor de las novelas El fin de la Guerra Fría (La otra orilla, 2008), La máquina del porvenir, que mereció el X Premio Tusquets Editores de Novela, y La otra parte del mundo (Tusquets, 2017).

 

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