El primer contacto con la exposición Las variaciones de Sebald fue un tanto extraño: música de Chavela Vargas, sonidos mexicanos  y  una voz femenina que recordaba los sueños zapatistas. La escena creaba una entrada al diálogo dramatizado entre “Los emigrados” y las experiencias adolescentes que el curador mexicano, Pablo Helguera, vivió con su familia junto a un grupo de alemanes asentados en Cuernavaca.

Traté de hallar las conexiones en el diálogo de Helguera, me sentí un naif, sin embargo no encontraba lógica, me parecía forzado el ejercicio.  Creía que se trataba de meta ficción. La teatralización de un recorrido  ideal, con intención de parecer sebaldiano.  Decidí que debía esperar y encontrar el enlace con Sebald, a pesar que la emoción fue de desagrado. No lo encontré o quizás no lo entendí.

Pasados los días, en el encuentro con Alberto Manguel y los 150 años de Alicia durante el festival Kosmopolis, cuando recibimos la invitación de Jorge Carrión, para realizar un nuevo recorrido  de “Las variaciones de Sebald” junto a unos amigos. En una visita a contrarreloj, Carrión nos entregó las claves para seguirlo. Este recorrido permitió cruzar las diferentes cartografías que nos extendía el también curador y conocedor de la obra de Sebald.

Traspasar el umbral cortejado por el vuelo suspendido de 30.000 mariposas negras en la obra de Carlos Amorales, genera una renuncia a lo terrenal para adentrarse en el carácter gris que leemos en la obra de Sebald.  Recorridos de luz sobre mapas de seda, caminos de judería en una Europa emigrada.  Recuerdos de viejas estaciones, o la transacción absurda y dramática de viejas ideologías.  Seguir la línea, acusar las variaciones con lo que no tiene nombre o la última defensa del humanismo por parte de Primo de Rivera.

Al concluir el recorrido, tuvimos la sensación profunda, tranquilizadora, porque las variaciones son personales, intransferibles. Hay que recórrelo de nuevo, hay que detenerse. Debe hacerse sin la noción de tiempo.

Las visiones de Sebald - Carlos Amorales

Sin dudarlo, para posicionarse en el tempo de la exposición sugiero la lectura del magnífico ensayo que Carrión trazó para este recorrido. Algunos fragmentos nos dan cuenta de ello:

“Las variaciones son variantes: son variables: son infinitas. Mientras sean posibles y deseables, cualquier obra seguirá rabiosamente viva.” / “Un escritor es una sucesión de variaciones de sí mismo”.

Las infinitas coincidencias determinan el recorrido. Como lo narra Sebald, sigo el solitario camino de Walser, viviendo todo lo que tiene tendencia a evaporarse.

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