Creo que me he convertido en una ferviente admiradora de los dramas masculinos, entendiendo la palabra drama como un suceso de la vida real capaz de conmovernos. Me encanta observar a los hombres, entenderlos, amarlos, desearlos y sobre todo intentar descubrirlos, porque uno siempre quiere saber qué es lo que están pensando.

Eso de quedarse únicamente con la visión simplista del libro Las hombres son de marte y las mujeres de Venus nunca ha sido lo mío, por eso creo que me he interesado en observar historias masculinas desde la realidad o la ficción. Por ejemplo, he entendido que soy groupie y que disfruto placenteramente de ver Mad Men, una serie donde no son los clichés los que imperan; son las historias de hombres ilógicos, poderosos, amorosos, ególatras, padres, hijos, infieles, trabajadores, sensuales, fuertes, complejos, leales, en fin, personajes de ficción con tantas cualidades, aciertos y desaciertos, que reflejan una real humanidad.

El último capítulo de la sexta temporada de Mad Men ha sido bastante reflexivo. (SPOILER ALERT) Desde la preocupación de Don por el futuro y su desesperación por huir de su propia máscara, pasando por la aceptación que Pete debe hacer de su nueva libertad, hasta la lealtad de Ted hacia su familia por encima del deseo, son muchas de las innumerables acciones que reflejan cómo se va transformando el drama masculino en este capítulo. Mad Men, va más allá de las acciones drásticas y efectivas de la ficción –caso Game of Thrones esta temporada- para guiarnos en un baile acompasado por la vida de cada uno de sus personajes, subiendo y bajando, acelerando y parando, aburriéndonos y excitándonos, tanto así que lo sentimos como nuestra propia cotidianidad.

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Mad Men ha traspasado muchas barreras a mi parecer. Es una serie visiblemente machista debido a su contexto histórico, sin embargo, recalca la importancia de las mujeres con carácter –Joan, Peggy- y las caracteriza tan bien como a los mad men de la serie. Las mujeres, además de representar la feminidad, incorporan ese guiño a lo masculino en sus personajes, a través de manifestaciones como la fortaleza o el poder.

Más allá de Mad Men, hay miles de reflejos de cómo son los dramas de la masculinidad dentro de la ficción, desde Scott Fitzgerald y su enamorado Gatsby, pasando por una dura Breaking Bad hasta un apasionado y ambicioso asesino como Jean Baptiste Grenouille en El Perfume. Es grato ver la perfección con la que se rozan la ficción y la realidad en estos dramas televisivos, nos demuestran cada vez más la existencia de un otro masculino comprensible y no tan ajeno.

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