Su verdadero nombre es Innocenza. En Italia y en Brasil, donde creció, los niños le suavizaron el nombre. Debió de haber pasado por Inocencita, y de allí, cuenta la misma Kate Millett, a Sensita. Luego, para hacerlo más práctico, pasó a ser Sita. “Pronunciarlo es como un beso, el sonido de la boca como los labios raspando la carne blanda”, describe la escritora sobre quien será su musa creadora, su pareja y la protagonista de este libro.

Cada página es un flash de la memoria, con la velocidad de quien desea captar el momento, y a la vez una narración viva y visceral. Diario, autobiografía, crónica, poco importa cómo se la encasilla. Sita, el nuevo libro de Kate Millett publicado por Alpha Decay, narra una historia de amor, que en un principio se muestra un puerto cálido de seguridad y placer, y que pronto conocerá el mar abierto del desconsuelo y la distancia. El hundimiento de esta historia de amor entre dos mujeres se puede adivinar latente en cada frase y en cada estrofa, pronto las dos serán dos náufragos de la memoria, la propia y la ajena.

Resulta acertado el prólogo de Núria Molines, la traductora de la obra, con que lo publica Alpha Decay ediciones. Kate Millett es proustsiana, ella misma confiesa que le rezaba a Proust todas las noches, y detrás de su pista consigue “captar sus vivencias a muchos niveles, con muchos matices y detalles”.

La historia comienza con el reencuentro de ellas dos, Sita y Kate Millett, cruzando el continente, ya que la escritora vivía en New York y Sita en California. Sita ha logrado que sus hijos vivan con ella, recién salidos de la dependencia de las drogas, bajo el control de la metadona. Millett encuentra el primer adiós al saberse hecha a un lado. Al encontrar la casa que antes habitaba con su pareja cambiada, sin lugar para ella.

Cuando Millett conoce a Sita lleva apenas un año separada de su ex marido, ha pasado por varios centros psiquiátricos y ha intentado suicidarse. Quizás por eso Sita sea esa isla en la que hacer pie entre tanta deriva.

Millett escribe sobre Sita en un cuaderno donde registra cada movimiento de su amante. Lo que no sale en el libro es que, dos años después de publicada esta historia (1976), Sita se suicida. En las ediciones posteriores, la escritora reescribirá el libro, que tendrá otra introducción y otro epílogo. En esta edición sin embargo la editorial prefirió una Millett que aún no sabe que Sita tiene los días contados. Millett es capaz de reflejar el amor como un edén tanto como contar su cara más oscura. Dos mujeres, amantes, suicidas.

Kate Millett comenzó su carrera como divulgadora del feminismo en los años 60. Natural de Minnesota, la escritora logró su mayor éxito con la publicación del libro Política Sexual (1970), una obra que recoge la idea de que el patriarcado no deriva de la esencia humana sino que tiene origen histórico y cultural, siendo hombres y mujeres iguales, en esencia, tanto intelectual como emocionalmente.

Millett también tuvo que pagar un precio, según se lamentaba en The Guardian (1988), confesándose rechazada por la Academia, atemorizada por la ruina. “Algunas mujeres en esa generación desaparecieron para luchar su destino solas en el olvido. Otras, como lo hizo Shula Firestone, desaparecieron en los asilos y aún no regresan para contarlo. Hubo tristezas que sólo pueden terminar con la muerte: María del Drago escogió el suicidio, también lo hizo Ellen Frankfurt, y Elizabeth Fischer, fundadora de Aphra, el primer periódico literario feminista… las pioneras pagan un precio alto y una soledad innecesaria por aquello que sus sucesoras toman por hecho”.

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