“Deberías arreglarte los dientes. Usas frenos un año y listo”. “Tu color de vello es perfecto para hacerte una depilación láser, ¿por qué no te la haces?”.”¡¿Nunca te has pintado el pelo?! Deberías cambiarte el color”.”¿Por qué no te maquillas más seguido?”. “¡Un brasier push up te quedaría genial”. “Con ese vertido unos zapatos de tacón te harían ver super bien”. “Dale una ayudita a tus ojos chiquitos, usa delineador” (léase con tono condescendiente).

Señores, señoras: no, gracias. Prefiero mis dientes chuecos, pero míos. Depilarme cada tres días con maquinita de afeitar, no hacerme nada en el pelo que implique ir a la peluquería más que lo estrictamente necesario (o sea, 20 minutos cada 5 semanas para mantener el corte) y definitivamente, prefiero no usar brassier, casi nunca. Y los tacones, bueno, no gracias. ¿Maquillaje? Solo para los videos y los eventos.

Desde que me mudé hace poco a Cali, Colombia -uno de los centros mundiales de cirugías estéticas- he escuchado más que nunca este tipo de “sugerencias”. Ojo, adoro Cali y Colombia. Además, este pensamiento no es exclusivo de esta ciudad, creo que todas las mujeres, vivan donde vivan, tienen este tipo de experiencias, sino diario, mucho más seguido de lo que quisiéramos. Pero últimamente lo he oído mucho y eso inspiró este post.

Esas “sugerencias”, en el fondo, lo que implican, es que “tenemos” que cambiar. Que no somos suficientes. Que necesitamos mejores dientes, pelo, tetas. Otra altura, otro peso, otros ojos. ¿Para qué? La verdad, no lo sé. ¿Para que nos quieran? ¿Para gustar? pero saben qué: No, gracias. Sea cual sea la fantasía de lo que conseguiría si siguiera esas sugerencias, no, gracias.

Si realmente queremos apoderarnos de nuestro cuerpo y vivir felices en nosotras tenemos que querernos tal cual somos. Tratar a nuestro cuerpo como trataríamos a nuestra mejor amiga. Con respeto, con amor, aceptándola tan cual es, y no queriendo cambiarla.

No me malentiendas. Creo profundamente que la belleza es un valor. Creo que la estética personal es una forma de expresión artística. Me encanta cortarme el pelo raro, usar ropa de diseño alternativo y combinar colores (lo confieso, me encanta comprar ropa). Pero lo que más me gusta es ser yo. Con todooos mi defectos (son muchos). Soy bajita, se me hincha la panza, tengo ojos chiquitos y juanetes. Ah sí, y según me han dicho, los dientes torcidos y las tetas chicas. Para las fotos nuevas de mi página web mi instrucción fue clara: nada de photoshop. “¿Ni la mancha roja que te salió por que te pusiste nerviosa?” “Ni eso”

Todos mis esfuerzos de desarrollo personal (que han sido muchos) se enfocan en, como decía Moshe Feldenkrais, ser más yo misma, en todos los aspectos de mi ser. Y claro que quiero que mi imagen exprese eso, quien soy yo. Y claro que quiero verme bien, porque quiero ser mi mejor yo en todo lo que hago. Eso dista mucho de permitir que me moldeen, pinten, alarguen o enderecen. No, gracias.

Encuentro estos comentarios ofensivos y agresivos. No de quien los hace, seguro nada más lejos de su intención, sino de la cultura que todos juntos hemos construido que se basa en la intervención del cuerpo de hombres y mujeres. Intervención que no potencia la belleza natural que todos tenemos, sino que nos hace sentir insuficientes.

Yo creo profundamente en ti y en tu belleza, que florece cuando tu ser prospera. Lo veo cada día en mis alumnos en talleres, que poco a poco, al ir adentrándose en si mismos y sus movimientos conscientes, se relajan, el entrecejo se suaviza, las arrugas se hacen menos acentuadas, los ojos ganan más brillo y todos se ven más hermosos. Porque son más ellos, porque han conectado con su ser, con su cuerpo, y este responde, mostrando la belleza que ya estaba allí.

Tú no eres diferente de ellos, eres un ser hermoso que solo necesita estar presente en sí y expresarse tal cual. Nada más. No necesitas nada más. Nada. Nada más. ¿Lo he dicho lo suficiente? Cada vez que lo dudes, regresa y lee esto.

Te regalo esta videoClase para que empieces a relajarte y sacar tu belleza ya mismo con unos fáciles ejercicios. Al hacerlos, recuerda, trata a tu cuerpo con el amor con que tratarías a tu mejor amiga.

Ah, y la próxima vez que te hagan una “sugerencia” sobre tu aspecto, haz lo que yo. Sonríes y dices “no, gracias”. Keep it real girls.

No seas egoísta, comparte:
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