No es una cita más. Será el encuentro con personajes de tinta que me esperarán tendidos en el papel para satisfacer mis deseos.

por María Laura Padrón

Los juegos previos iniciarán cuando al hojear el libro descubra poco a poco quiénes compartirán parte del festín. Comenzaré a tocarlos, acariciarlos y con miradas sugerentes les invitaré a dejarse devorar. Me desvestiré ante ellos. Mis máscaras y complejos se diluirán. Solo seremos nosotros en la habitación, en el autobús o en un oscuro rincón.

Al ritmo de verbos conjugados, sentiré cómo se eriza mi piel, mis sentidos vibrarán, las letras trascenderán a mi cuerpo; mi mirada, la mayor zona erógena. Adoptaré cualquier papel; podré convertirme en Teresa y descubrir en Tomás el olor a sexo que delata su infidelidad, pero seguir a su lado. O ser Lucrecia y enredarme con la sirvienta, jugar a intercambiar parejas, dejarme lamer por los gatos para cumplir las fantasías de Don Rigoberto. O ser una puta triste más de las memorias de Gabriel García Márquez.

La celulitis no me avergonzará, ni la asimetría de mis pechos, tampoco la anchura de mis caderas. Los personajes dejarán de ser inertes, cobrarán vida, no serán simples vocablos. Que me estrujen, que me amasen, que me griten, que me abracen. Quiero que vayamos a un mismo son; si ríen, quiero reír, si lloran, quiero llorar. Ser parte de su goce, testigo de sus dichas y tocarme, tocarme…

Me penetrarán con sus delicias. Mi corazón palpitará, conoceré sus historias, sus secretos. Sentiré lo que otras pieles y me deleitaré en las letras. Se resolverán los misterios, se reconciliarán los enemigos, los amantes se encontrarán en secreto, castigarán al malvado, terminará de morir el enfermo. Y en ese punto no me quedará más alternativa que rendirme. No podré resistir. Mis emociones se desbordarán en estruendosos gemidos o silenciosas convulsiones.

Y cuando la historia acabe, yo también con ella. Terminaremos juntos. Moriré y morirá conmigo también. Pero no será el fin, se prolongarán los espasmos, mi euforia llegará a otros oídos, querrán gozar también. Habrá un tercer, cuarto y quinto amante. Yo reposaré un instante hasta que cese el aluvión de placer y encuentre a otros libros que me hagan estremecer. Orgasmo literario.

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