Hay una nueva tendencia en la poesía joven que me está gustando mucho. Primero, porque es perfecta para leer camino al trabajo -si usas el transporte público-: los poemas son muy breves, precisos, y por ello no necesariamente requieren el nivel de concentración que hace falta para seguir el hilo e interpretar poemas más largos. También porque tratan temas muy duros y de importancia global de formas sencillas y directas, y a mí me gusta la poesía que entiendo.

Empecé leyendo a Nayyiraah Waheed y su libro Salt (2013). No recuerdo exactamente cómo, pero seguramente fue por un fragmento de alguno de sus poemas que me encontré en redes sociales sin querer. Fue casi inevitable hacer la sucesión a Rupi Kaur, Warsan Shire e Yrsa Daley-Ward. Las cuatro tienen estilos similares: poesía breve, sencilla en su lenguaje (sin asociar esto con la simpleza), al contrario, con un contenido contundente expresado de forma tan precisa que muchas líneas se sienten como un puñetazo en el estómago que no estaba esperando.

Después de Salt leí Nejma (Nayyirah Waheed, 2014), Bone (Yrsa Daley-Ward, 2014), Milk & Honey (Rupi Kaur, 2014). Aunque debo aclarar que todos los leí a comienzos de este año, como parte de mi resolución de año nuevo de leer más poesía. Me encanta esta generación de poetas jóvenes que, me atrevería a decir, se desligan un poco de los formalismos de la poesía para empezar a construir un camino propio. Hablan de violencia, guerras, desplazamiento, racismo, sexualidad, feminismo, abuso sexual, familia. Tratan con una naturalidad que escuece, las atrocidades más grandes de la humanidad.

Una de las cinco etapas de duelo por Nayyirah Waheed

Creo que la juventud –y yo soy parte de esa juventud, con mis 24 años a cuestas- necesita poesía que pueda entender fácilmente para vincularse con asuntos inabarcables. Que si un poema los acerca a la crisis de refugiados o a la violencia contra la mujer, el poeta lo está haciendo bien. Es un puente entre los jóvenes y estas realidades tan duras, antes las que muchas veces resulta más fácil voltear la mirada a otro sitio. Quizás las noticias o los extensos textos en los periódicos no reflejan el sufrimiento humano más allá de cifras y estadísticas que pueden ser muy abstractas, pero si un poema retrata las mismas realidades desde la carne propia, es muy distinto.

Son poemas cortos, sí. Los puedo leer camino al trabajo, mientras me tomo un café, en medio de tareas para darme un break. Pero la contundencia y peso de los versos aparentemente simples está en que me pueden dejar reflexionando por horas, o días.

Además, estas nuevas caras de la poesía están apostando por la importancia del feminismo y lo que significa ser una mujer joven en la actualidad. El trabajo de cada una de ellas se evidencia atravesado transversalmente por el de las demás. Parecen ramas del mismo árbol, que se nutren del trabajo de las otras de manera muy orgánica para seguir creando. Es casi imposible encontrar un artículo en el que se hable de sin mencionar a Warsan Shire, y viceversa. Y es que la primera ha dicho en numerosas entrevistas, que lee asiduamente a Shire y que es una de sus poetas favoritas. La influencia de Warsan Shire en los versos de Rupi Kaur es evidente para los conocedores de ambas poetas.

Ellas han sabido adaptarse a los nuevos códigos, haciendo sus versos más accesibles y fáciles de compartir, difundiéndolos en redes sociales antes que en publicaciones editoriales. Han sabido acercarse a una generación de mujeres dispuestas a tomar la bandera del movimiento feminista y continuar haciendo el trabajo de quienes vinieron antes: esas mujeres que pavimentaron el camino para que hoy podamos dar por sentado la educación o el derecho a votar.

Cargan a sus espaldas, también, la experiencia de ser inmigrantes: Daley-Ward es de madre jamaiquina y padre nigeriano, criada en Inglaterra. Rupi Kaur nació en India, pero sus padres emigraron con ella a Canadá cuando ella tenía cuatro años. Warsan Shire es somalí, pero vive y trabaja en Londres. Nayyirah Waheed es casi un enigma: se sabe que es de ascendencia afroamericana, pero poco más. Vive y trabaja en Estados Unidos. Estas experiencias influyen de manera muy directa en sus versos.

you broke the ocean in two just to be here

only to meet nothing that wants you”, escribe Waheed.

Otro elemento que llama la atención de esta poesía es cómo se vale del uso no convencional de la gramática como característica. No hay comas, rara vez puntos. Tampoco mayúsculas. Es un estilo que se define propio y juega con el lenguaje de formas experimentales para darle sentido a los versos. El tiempo dirá cómo esta tendencia influirá en la poesía contemporánea.

 

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