Una retrospectiva de la obra de Ree Morton en el Museo Reina Sofía puede resultar agradable en verano. La sensación visual que evoca Morton en sus obras, refresca la mirada del espectador y el recorrido de la muestra propone poco a poco, interrogantes sobre la experiencia de vida de la artista, esa llamada narrativa personal.

Acercarse a la obra de Morton es fácil si eres una persona que desconoce los estereotipos y dogmas, que intenta ir más allá de ellos y no encasillarse. La obra de Morton está signada por no estarlo. Esta artista neoyorkina no quiso ser parte del expresionismo abstracto de los 70. Experimentó con el fiber art y los distintos materiales que conseguía armando las mejores puestas en escena como representación artística. Diseccionó los espacio creando juegos poéticos a través de soportes sonoros, visuales o con lo que se nos distingue de los demás animales, la palabra. En otras palabras, Ree Morton hizo lo que sabía hacer: crear desde la experimentación de su naturaleza indómita.

Ree Morton - Reina Sofía

Morton es una artista atípica, pero más allá de eso, es una mujer que no encajaba dentro del status qvo: al cumplir 30 años abandonó a su marido y a sus tres hijos para dedicarse al desarrollo artístico, estuvo vinculada al feminismo desde la intimidad más que desde la reivindicación social y, no llegó a frecuentar los círculos del mundo del arte neoyorkino, ni creadores más afamados de su generación. Solo el escultor y poeta Carl Andre, fue el artista más cercano que frecuentó Morton.

Los paralelismos en edad, circunstancias y época pueden hacernos creer que Morton sufría de las mismas reflexiones que el personaje de Laura Brown en la novela Las horas de Michael Cunningham: “Why, she wonders, does it seem that she could give him anything, anything at all, and receive essentially the same response. What does he desire nothing, really, beyond what he’s already got?…This, she reminds herself, is a virtue”. Tanto el personaje como Morton querían más de lo que dictaba el deber ser autoimpuesto y apostaban por soltarse de ello.

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Aunque la historia de Morton puede tener similitudes con la historia de muchas otras mujeres artistas, la más cercana es Ana Mendieta, quién además de haber sido la esposa de su amigo Carl André, murió siendo muy joven al igual que Morton. Un accidente automovilístico truncó la vida de la artista neoyorkina a los 41 años, quién a pesar de su corta estancia dentro del mundo de las artes, ya había producido infinidad de obras, sin embargo, su naturaleza indomable la hacía desconocida dentro del mundo del arte.

La retrospectiva Sé un lugar, sitúa una imagen, imagina un poema en el Museo Reina Sofía posee más de 100 obras de la artista, siendo una de las pocas exhibiciones que se han presentado de Ree Morton a nivel mundial.

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