“Shaki tú estás bien bonita
aunque también me gustabas cuando estabas más gordita
con el pelito negrito y la cara redondita
así medio rockerita.
También me gustas ahora, pero cuando pierdes los modales
cuando comes sin cubiertos (como los animales)
cuando se te sale lo sucio, lo obsceno,
todo lo que sabe bueno, todo el veneno”.  Residente, Calle 13

por Freddy Gonçalves Da Silva

Cuando alcancé los treinta años, alimenté una fantasía absurda: si algún día me caso, quiero ver a mis amigos bailando Hips Don’t Lie. No como parte de la fiesta, sino al inicio, antes de que los novios entren al lugar de celebración. Estaré junto al afortunado novio con un traje azul, como Shakira en la presentación que hizo para el programa The Voice cuando hacía de jurado en el 2013, y los invitados más cercanos, hombres y mujeres, estarán vestidos con largas faldas blancas simulando los pasos de las bailarinas cuando la cantante afirma: “mi vida en Barranquilla se baila así”. La artista colombiana dice que el origen de la canción nace de su relación con los músicos, a los que les dice: “¿mis caderas se mueven? No, entonces es que la canción no está lista”. Para una boda debería ser igual. Si las caderas no se mueven, no debería haber boda… #LasCaderasNoMienten.

O no tanto. A pesar de ser una de las canciones más exitosas en la carrera de Shakira y el sencillo con el mayor número de ventas en la primera década del siglo XXI; tuvo dos acusaciones por plagio. El primero fue el cantante Jerry Rivera, quien usó esa entrada de trompetas en su canción Amores como el nuestro. Shakira asumió la acusación con mucha tranquilidad: “Cuando yo escuché el arreglo, me acordé de esa canción de salsa que bailaba desde los 13 años”. Luego contó que Wyclef Jean, con quien compuso la canción a partir de otra llamada Dance Like This, escrita por el mismo rapero haitiano, le mostró una canción de hip hop en la que se usaba ese fragmento de trompetas. Al ser los terceros en usarlo, pensó que no la acusarían de plagio. Ups. De igual forma, Rivera no llevó el caso a tribunales. Aunque Luis Díaz también la acusó por el fragmento de “Baila en la calle de noche…” que él usa en su canción Baila la calle. Las acusaciones de plagio se repitieron en el caso del también famoso Waka Waka, Loca y La Bicicleta.

“No pare bola a toda esa mala propaganda”, diría la barranquillera en Chantaje. Porque su éxito va más allá de la poderosa maquinaria de promoción que la acompaña, sino por su forma tan singular de enfrentar los escándalos. Ella no los provoca, ni los busca, pero si salen los afronta, como un simple problema doméstico. Es algo tan cotidiano como un Laundry Service, nombre de su quinto álbum, con el que consiguió el éxito en el mercado anglosajón en 2001. Con el que además realizó su primera gran gira internacional por 41 ciudades de más de veinte países. La llamó el Tour de la Mangosta porque: “es el único animal que es inmune al veneno de la cobra”. Y así parece ser ella, inmune a todo.

O sino que lo desmienta Osvaldo Ríos, su segundo novio y al que la prensa acusó de infiel. Porque en 1998 Shakira tampoco se aferraba al escándalo, por el contrario, se desnudaba a través de la música: “por ti me he convertido en una cosa que no sabe más que amarte”. Es que así se clasificaba ella en Ciega, Sordomuda, la primera canción de su cuarto disco ¿Dónde están los ladrones?; era una “cosa”, despechada, enamorada y sin rumbo. En sus canciones confesaba que no sabía preparar café y no entendía de fútbol, con la misma naturalidad que nos contaba de sus cuernos: “Si te vas, si te vas y me cambias por esa bruja pedazo de cuero, no vuelvas nunca más”. Era una veinteañera comprendiendo el amor. Entonces todos conectaron con Shakira porque era honesta con lo que sentía, y un despecho es un tema social. Nos guste o no, se coló en el inconsciente colectivo de una generación. Era aparentemente sencilla, de cabello negro y abundante o con esos errados reflejos rojos, pseudo rockera, sin mayores exuberancias, que cantaba sus penas con su guitarrita. Era lo que era, y a todos nos encantaba lo mismo, ser lo que éramos. Sin cuestionamientos.

 

 

Y así nos siguió compartiendo su vida. De hecho, cuando lanzó su quinto álbum, tenía todas las intenciones de internacionalizarse. Ser una diva pop. Sin miramientos se pintó el cabello de dorado, sorprendiendo a sus fanáticos más conservadores. Ella lo defiende a su manera diciendo: “Al fin y al cabo el color de mi pelo es simplemente eso, un color”. Y bajo la consigna de que el dorado le da más luminosidad, lanza Whenever, Wherever. Canción que, además, un buen amigo colombiano bailaba de forma íntegra cada vez que salíamos de fiesta para demostrarme que Shakira es prácticamente un prócer de la patria en Colombia. Y para prueba, la estatua en su honor puesta en Barranquilla.

Esta canción además nos hace olvidar a Osvaldo y nos centra en Antonio de La Rúa, con quien comenzaba una nueva relación. Y muchos de sus fanáticos la rechazaban porque estaba enamorada. Shakira podía “escalar Los Andes solo por ir a contar tus lunares”. Aunque ese año fuera el suegro quien terminó cruzando Buenos Aires en un helicóptero antes de que los argentinos lo lincharan por la crisis. Sin embargo, este escándalo tampoco afectó la carrera de la cantante, quien parecía liberarse fácilmente de los desmanes que la rodeaban y eso que De la Rúa le había pedido matrimonio. Ella estaba enamorada, él era su manager, todo parecía perfecto, pero estaba su carrera de por medio. Primero lo primero. Toca reconocer que la visión de negocio de ella y la ambición económica de él fueron mejor pareja y la ayudaron a posicionarse en el mundo del espectáculo.

Shakira duró diez años con De la Rúa y, a la vez, nos fue mostrando a un personaje más liberado. De hecho, en 2005, llegó La Tortura, video en cuya letra Alejandro Sanz le pedía perdón por sus traiciones y en donde ella le bailaba en una cocina mientras le decía: “no solo de pan vive el hombre y no de excusas vivo yo”. Y esa Shaki sexy funcionó. Esta fue la canción en español más vendida del planeta, y la consagra como la artista latina más escuchada.

 

 

Cuatro años después llegó su transformación total: “una loba en el armario tiene ganas de salir” y aúlla. Sí, aúlla. Y para los lectores más puristas, vale recordar que esta canción fue escrita junto con Jorge Drexler. Si él pudo divertirse, los más intensos también pueden. En ese año estaba en crisis la relación con De La Rúa y decía en Lo hecho está hecho: “en materia de hombres soy toda una experta siempre en repetir mis errores”. Se estaba probando a sí misma musicalmente, pero sin dejar a un lado lo que era. Estaba entrando en su fase de despecho, pero ya no era la misma ni tenía veinte años.

Cuando lanza Sale el sol en 2010, su relación con el argentino había acabado. A pesar de los diez años de relación, la ruptura se manejó de forma discreta. Apenas si queda, entre las canciones del disco, una balada corta: Lo que más. Shakira lo ve dormir, sin esperanza, porque ya no se alcanzan. Lo adora, pero no hay más. Es un adiós.  

Por eso, al salir Me enamoré en el 2017, las personas parecen no entender este proceso tan personal: fue loba, loca, rabiosa. Puede que no sea su mejor canción, pero es Shakira, la que se entrega. Sólo que a estas alturas ya cantó en tres mundiales de forma oficial y extra oficial. Reconoce en su concierto en París que: “si es cuestión de confesar, ahora entiendo de fútbol”. Y sigue siendo ese libro abierto que quiere contar lo que le pasa. Y se enamoró. Tampoco era un secreto para nadie, todos lo hemos visto, tiene más de cien millones de seguidores en el Facebook y dos hijos. Ella se divierte. Que le dicen que Piqué es gay, y ella sale en una foto con el Piquetón. ¿Importa? No. Se la está pasando bien, “tenía poco que perder y la cosa siguió así…”. La “cosa” ya no era ella, sino la situación: “y bailé hasta que me cansé y me enamoré…”, corrige: “nos enamoramos”. En plural.

Este viernes 26 de mayo lanza su disco número 11, El Dorado. No es un disco sorpresivo. Tal vez ha aprendido de la experiencia de Hip’s Dont Lie, canción que no estaba incluida en su séptimo disco de 2005, Oral Fixation Vol. 2, y resultó ser una de las más exitosas de su carrera musical. Así que hemos ido conociendo al menos cinco de los temas del nuevo disco, haciéndolo además con gran éxito. Son singles sueltos, como si fueras a encontrarte con un amigo que tienes tiempo sin ver. Te dejas sorprender. Empezó con La Bicicleta junto con Carlos Vives, apuntando a la mayor debilidad del colombiano, su identidad. Repite la fórmula con Maluma en Chantaje. Luego comparte estudio con el rapero francés Black M en Comme moi y se aventura de forma menos afortunada en la bachata Deja Vú junto a Prince Royce, aunque ella en el video haga gala de sus pasos imposibles.

 

 

No es la primera vez que Shakira sorprende con duetos inesperados. Ya ha cantado con Beyoncé, Rihanna, Miguel Bosé, Pitbull, Calle 13, Maná, Santana, y más… Además, Gustavo Cerati le compuso algunas de sus canciones, quizás de las mejores colaboraciones que ha tenido. A ver, que hace lo que le da la gana, sabe jugar, funcione o no. En el caso de este lanzamiento, dedicado a su familia, toda la estrategia de mercadeo se amarra a una búsqueda de tesoros, como si fuera la leyenda de El Dorado, donde irás develando las canciones que contiene el CD. Muchos se han decepcionado al saber que parte del contenido son estas canciones que han sonado en los últimos meses, pero siguen siendo éxitos sostenidos en lo que va de año.

Cuando Shakira empezó con los discos Magia (1991) y Peligro (1993), inspirados en esos poemas que escribía de adolescente y con esa “voz de cabra”, como le decía su profesor de música, jamás pensó en que iba a tener tanto éxito. Es más, si hacemos las cuentas justas, ella se había reinventado por primera vez en 1996, cuando lanzó Pies Descalzos y se consagró en el mercado latinoamericano. Todo lo demás, vino después. Y ahora, está del otro lado, viendo a sus cuarenta años todo el éxito que sigue cosechando.

 

 

Porque su música nos sigue acompañando día a día… A mi papá que fantasea con ser Alejandro Sanz para bailarle en Te lo agradezco, pero no; a un compañero de trabajo en un bar viendo una potencial infidelidad en una mujer que le baila La Tortura; a dos amigos ganando una apuesta mientras imitan a Rihanna y Shakira contra una pared bailando al son de Can’t remember to forget you; a una chica que grita con un micrófono imaginario Inevitable mientras conduce en la autopista; a una mujer que friega los platos y decide dejar a su marido al oír Lo que más; a dos borrachos inventando pasos de La La La mientras caminan por las calles; a unas mujeres que hacen una exposición sobre el ADN con Ciega, Sordomuda; o un meme en un grupo de Whatsapp para decir: ¡¿Qué?!

Así que tal vez yo no me case y Shakira, según los rumores, quizás sí. La diferencia es que yo seguiré usándola de termómetro en mi vida cotidiana. Dejaré que en mis citas el Spotify suene con su concierto en vivo en París, para que ella nos interrumpa con un: “and I’m on tonight you know my hips don’t lie, and I’m starting to feel it’s right, all the attraction, the tensión, don’t you see baby, this is perfection”. Y volver a fantasear. Porque Shakira no tendrá una cátedra que hable de su carrera en las universidades como Beyoncé, pero nos recuerda algo más mundano… que las caderas nunca mienten.

 

 

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