Estoy bastante orgullosa del trabajo que hacen muchas mujeres como escritoras de contenido web; muchas de ellas son buenas amigas que conozco en la vida real, antes y después de la primera cerveza, y puedo dar fe de que son mujeres conocedoras de su quehacer. Pero tras muchas discusiones cordiales a mitad de calle me di cuenta de que, aunque no podría ser de otra manera, sólo han escrito desde la perspectiva falo-céntrica que las caracteriza como mujeres heterosexuales.

Es por ello que decidí ofrecerme como pequeña emisaria desde la otra orilla del río: ¿Y las bolleras? ¿Qué?

Hablar de sexualidad es bastante agudo, sobretodo en la época de la globalización donde todos parecieran saber, y si están equivocados tendrán siempre una ONG que los respalde y vele por sus derechos recién fundados. Ahora bien, ser homosexual, más específicamente, ser lesbiana en el siglo XXI pareciera tener muchísimas ventajas, por lo que no resulta asombroso que tantas niñas de 13 años con figuras paternas ausentes o agresivas, decidan autoproclamarse “lesbianas” como primer conato de rebeldía. No, no eres lesbiana, como tampoco eres heterosexual a los 13 años. Simplemente eres una olla de presión saturada de hormonas, y necesitas masturbarte por una causa.

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Pero ¿qué sucede si los padres están ausentes, si la fuente de información de primera mano es la televisión satelital y el internet ilimitado? Bueno, ahí vienen las metidas de pata monumentales. Y si, hablo desde la frustración de haber aguantado el perchero en el clóset por miedo a las represalias familiares y la represión conservadora de la que vengo, pero fue esa misma condición la que hizo que valorara tanto la meticulosidad con la que afirmé mi inclinación sexual, hace ya unos buenos años.

No pretendo dar una clase magistral sobre moral y primeros valores, más bien quisiera que entre tanto bullicio se pensara un poco en el marketing que se le hace a la condición homosexual como “cool” en estos tiempos de tendencias vertiginosas. Ser gay, lesbiana, heterosexual o transexual, es tan sólo una parte de la persona en la que queremos transformarnos, es la escogencia del objeto sexual, no de nuestra identidad absoluta.

En resumidas cuentas: si te gusta tu amiguita del cole, si te sudan las manos cada vez que la ves subir la escalera o si ya eres una adulta con buen recorrido en camas de amigos y de repente se te fue la mirada al escote de tu compañera de curro, tómate el tiempo en meditarlo antes de ponerte a meter los dedos, mira que esto de ser bollera puede transformarse en un trabajo full-time que requiere demasiada autoconvicción como para tomarlo a la ligera.

(Imagen/gif extraído de Tumblr)

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