Susan Sontag fue una mujer poliédrica. Su vida estuvo signada por miles de facetas: escritora, crítico, directora de cine, profesora, un ejemplo claro de una renacentista del siglo XX. Desde su nacimiento el 16 de enero en 1933 hasta su dolorosa muerte en 2004, Sontag produjo una enorme cantidad de trabajo que la catapultó como la pensadora norteamericana por excelencia.

A pesar de que pensaba que la función del aburrimiento era buena y mala al mismo tiempo, Susan Sontag tenía requerimientos bien rigurosos -bien alejados de la abulia-  que la convirtieron en lo que fue. Es normal que nosotros, seres terrenales que se aburren más de la cuenta, nos preguntemos día a día cómo ser productivos más allá de tener una tonta app en el móvil.

Las reglas de Susan Sontag (créalas y ten la libertad de romperlas)

No es extraño que cada mes de enero hagamos una lista de resoluciones para vivir mejor con nosotros mismos, para Susan Sontag esto no era diferente. Así lo describe en su diario:

A partir de mañana – si no es hoy: 

Voy a levantarse cada mañana a más tardar a las ocho. (Puedo romper esta regla una vez por semana.)

Voy a comer sólo con Roger. ( “No, no saldré a comer. ‘Puedo  romper esta regla, una vez cada dos semanas.)

Voy a escribir en el cuaderno todos los días. (Modelo: Libros de residuo de Lichtenberg)

Voy a decirle a la gente que no me llame en la mañana o no contestaré el teléfono.

Voy a tratar de limitar mi lectura a la noche. (He leído demasiado – como un escape de la escritura.)

Voy a responder a las cartas una vez a la semana. (¿Viernes? Tengo que ir al hospital de todos modos.)

Las rutinas diarias de las personas creativas no son nada nuevo en la historia del arte o la literatura, sin embargo, como Susan Sontag cuenta en sus diarios, ella logró establecer reglas para sí misma, dándose salidas y excusas para poder romper con lo establecido cuando las cosas no iban bien en la cotidianidad. Independientemente de lo mucho que lo intentemos, todos estamos propensos a romper los hábitos de vez en cuando y, aceptar las fallas, es crucial para obtener resultados. Sontag creó reglas para poder romperlas, haciendo de este truco una motivación para seguirlas día a día.

Las listas: enumerar lo que amas y lo que odias

A los seres humanos nos encantan listas. Si tienen dudas pregúntenle a Jonah Peretti, creador de BuzzFeed, nos encanta leer los artículos de su periódico en formato lista. También nos encantan las listas de tareas pendientes. Y Susan Sontag no estaba exenta, escribió listas de todo tipo de cosas en un montón de ocasiones, porque les daba valor, carácter y garantizaba la existencia de las cosas que anotaba en dichas listas. Aquí una serie de listas publicadas en The New York Times:

Cosas que me gustan: incendios, Venecia, tequila, puestas de sol, los bebés, las películas mudas, las alturas, sal gruesa, sombreros de copa, grandes perros de pelo largo, modelos de barcos, canela, ganso edredones, relojes de bolsillo, el olor a hierba recién cortada, lino, Bach, Luis XIII muebles, sushi, microscopios, habitaciones grandes, botas, agua potable, dulce de azúcar de arce.

Cosas que no me gustan: dormir en un apartamento solo, el clima frío, las parejas, los partidos de fútbol, natación, anchoas, bigotes, los gatos, los paraguas, siendo fotografiados, el sabor de regaliz, lavar mi pelo (o tenerlo lavado), llevar un reloj de pulsera, dar una conferencia, cigarrillos, escribir cartas, tomar una ducha, Robert Frost, comida alemana.

Susan Sontag - productividad creativa
“Oh Nothing Much, Just Hanging Around In A Bear Suit” – Susan Sontag. Foto por Annie Leibovitz

La pasión por la creación y la construcción de experiencias

Las sequías creativas se dan por la falta de experiencia. Cuando se trabaja en un campo creativo, es fácil perderse en su propia cabeza, -entiéndase overthinking– y olvidarse de todo lo demás. Ser overthinker es ideal para cierto tipo de explosiones creativas, pero es perjudicial en el largo plazo si no se está invirtiendo su tiempo otras cosas. Sontag explica esto en una conferencia pronunciada en Nueva York :

Lo que me hizo ser escritora fue que yo era un lector apasionado. Empecé a leer a una edad muy temprana y he sido adicta a la lectura desde entonces. He leído todo el tiempo. Probablemente he pasado más tiempo leyendo que cualquier otra cosa en mi vida, incluso dormir. He pasado muchos, muchos días de mi vida leyendo ocho y diez horas al día, y no hay día en que no lea por horas, y no me pregunto cómo puedo hacer el resto de las otras cosas. No lo sé. El día tiene bolsillos, siempre se puede encontrar tiempo para leer…

Ahora, en este tipo de vida de embriaguez con un libro, en esta relación con la lectura, es donde entra en juego la escritura – No descubrí que tenía un talento; descubrí que quería emular, honrar, al tratar de hacerlo yo misma…Me refiero a hacerlo apasionadamente. Ahí es donde las normas vienen, ahí es donde vinieron las ideas de lo que era bueno, lo correcto, lo que era mejor, que siempre había algo mejor y todo lo que podía hacer era, por definición, insuficiente. La única cosa que estaba bien era lo difícil de hacer, tenía que trabajar muy duro para hacerlo.

La lectura no es el único con lo que se puede construir: estar presente viviendo las experiencias desde que te tomas el café en la mañana hasta ver una serie de TV o leer un libro antes de dormir, son experiencias. En el caso de Susan Sontag la lectura era su principal catalizador en su pasión por crear. Su visión periférica se activaba al pasar las hojas, hojear y ojear, sin embargo, para el resto de los mortales puede ser tan simple como voltear la cabeza y mirar a tu alrededor.

Así como Susan Sontag, un sinfín de escritores y artistas tienen sus mañas, son humanos como nosotros. A Ray Bradbury las listas le provocaban y por eso creaba. No estamos solos en esto de la creación, sin embargo, lo importante es tener una rutina aprobada de gustos propios para que pueda funcionar y producir cuanto queramos.

 

 

No seas egoísta, comparte:
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •