Los Estados democráticos son el común denominador en el mundo. Por desgracia, otros pocos no lo son. Yo vengo de uno de ellos y The Handmaid’s Tale me confronta con su narración distópica.

The Handmaid’s Tale antes de ser la serie de televisión de Hulu, es una novela escrita por la canadiense Margaret Atwood en 1985, que cuenta qué pasaría en los Estados Unidos tras la muerte de su presidente y del establecimiento de un régimen teocrático con valores puritanos, donde la mujer pasa a ser un objeto cuyo valor está en sus ovarios y en la capacidad de ser fértil para el Estado.

La narración, que cambia de lo lineal al flashback, es contada por June, una norteamericana que tras perder a su esposo y su hija se convierte en la criada del comandante Fred y su nombre cambia a Offred –pertenece a Fred-. En Gilead, el renombrado Estados Unidos, la represión y falta de libertades es continua, las normas prelan a todos, inclusive a sus inquisidores. Ser mujer es secundario, tus ovarios valen más que tu vida. Bajo el estado policial de Gilead, los hogares se componen de esposas de alto estatus, marthas domésticas, esclavas y mujeres en edad fértil que se ven obligadas a tener hijos a través de encuentros sexuales con forma de ritual hogareño, con el “comandante” de la casa, a quién le pertenece. Offred -nuestra amada Elisabeth Moss de Mad Men-, es una mujer del siglo XXI que ahora vive en una surrealista pesadilla.

El Gilead de la serie de televisión es una combinación ambientada en distintas épocas que inspiran nostalgia en misóginos: desde tiempos bíblicos a los suburbios de la Norteamérica de los 50. Las esclavas llevan vestidos largos y hábitos de monja mientras realizan compras en el supermercado; por su parte, las esposas concubinas son un modelo bíblico nada erótico para sus maridos. Mientras tanto, los guardias armados patrullan las fronteras, los homosexuales, o “traidores de género”, son ahorcados públicamente pudriéndose en las afueras de los suburbios en una especie de exotismo macabro. Gilead no es una sociedad aparentemente normal con un lado oscuro. Casi nadie, hombre o mujer, parece feliz de estar allí. Cada faceta de ella es explícitamente terrorífica, sólo que en diferentes gradaciones de clases. Los primeros episodios de la serie contrastan la existencia tensa pero segura de Offred con una procesión sombría de violaciones, ejecuciones, y algunas acciones que no están presente en la novela de Atwood. La ficción se va edulcorando o malogrando, se adapta según la peste contemporánea.

Elisabeth Moss interpreta a Offred

La violación en The Handmaid’s Tale

A diferencia de Game of Thrones, The Handmaid’s Tale no representa a la violación como una consecuencia irrevocable de la sociedad al descomponerse.  Aquí es idiosincrática y estructural del gobierno de Gilead. Aunque Atwood escribió la novela bajo las ideas de la segunda ola feminista en los setenta, quizás en la serie hay una revisión más actualizada. La violación no es un proceso consciente donde el hombre aterroriza a la mujer, en la serie de Hulu, la sociedad de Gilead gira alrededor de un doble discurso aceptado entre la violencia sexual sin réplicas y la protección de las mujeres.

Para Offred, esa silenciosa y fatalista criada, la sumisión es su forma de resistencia. En su caso ser sumisa está dotada de una intuición femenina del todo comprensible, ya que rápidamente Offred va ganando terreno no solo la resistencia sino en la obtención del poder, de la confianza que llega a generar con su comandante/violador.

No voy a negar que la serie es difícil de ver, sin embargo , puede resultar catártica al observar a varias de sus protagonistas luchar hasta desfallecer sin importar cuán inútil es el proceso.

La historia de Offred examina las relaciones que se desarrollan entre las mujeres que han sido obligadas a relacionarse antagónicamente entre sí, incluyendo Offred y la esposa, llamada Serena Joy -Yvonne Strahovski de Dexter-. Serena Joy se resiente ante el papel de Offred en el hogar, su símbolo le molesta, es la mujer que concebirá un hijo por ella, por eso la maltrata verbal y físicamente, pero en el momento en que Offred puede estar embarazada, se hace evidente la cantidad de desesperación que oculta ese resentimiento.

Ilustración de Sally Nixon

La última resistencia de la serie también dependerá de la seriedad que necesite narrativamente para llamar a la rebelión, hecho que parece suponer que pasará desde el comienzo hasta el final de la serie. The Handmaid’s Tale golpea tanto a sus personajes que la posibilidad de rebelión se hace necesaria ante las esperanzas demolidas por la violencia.

The Handmaid’s Tale vuelve a introducirse en nuestra vida como síntoma de las violaciones sociales y políticas a nivel mundial, como forma de resistencia; no es de extrañar que haya llegado con Trump en Estados Unidos, los nacionalismos post Brexit en la era de los refugiados, la era post Chávez en Venezuela o Putin y sus ciberataques desde Rusia. La serie rescata del libro una crítica razonable en un momento donde los gobiernos están dinamitando no solo los derechos humanos en general, sino haciendo retroceder los derechos de las mujeres. La historia nos da una hoja de ruta precisa contra la tiranía del mundo real. Quizá es más aterradora de lo normal porque sugiere que no importa el paso del tiempo y el progreso, Gilead nunca volverá a ser lo que fue y si alguna vez dejamos de ver por el bien de esa “patria”, estará lista arrastrándonos hacia lo más oscuro de la humanidad.

 

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