Siguiendo los pasos inesperados del tránsito de los artistas del cine a la televisión, Steven Soderbergh presento este año la serie The Knick, basada en las vidas de los transeúntes del Hospital neoyorkino Knickerbocker durante la década de 1900.Apadrinada por Soderbegh, el seriado desde el inicio prometía convertirse en uno de los sucesos del año, sobre todo al incluir en el reparto al actor ingles Clive Owen, y además contando con una supuesta propuesta musical de parte de Cliff Martínez, usual colaborador del director.

Y se cumplieron las expectativas.

The Knick está basada en sucesos reales, de alguna manera, donde la libertad creativa del guionista no puede ser explayada, más bien limitada a sucesos históricos.

Pero como en la serie de Mathew Weiner Mad Men, The Knick se fortalece por los recursos que usa para ser contada, reuniendo a un grupo de expertos en el área técnica para no convertirla en un producto histórico más.

Los escritores Jack Amiel y Michael Begler, crearon la serie basándose en los textos del Doctor Stanley B. Burns, cirujano que ha ido recolectando los primeros pasos de la medicina en la ciudad, escarbando en la historia, por más atractiva y desgarradora que haya sido.

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Ya de por sí, las historias en The Knick son más que interesantes, comenzando por la de su protagonista, el doctor John Thackery (interpretado por Owen), un medico de reconocida trayectoria en la ciudad, y en la medicina contemporánea, que usa como musa a la cocaína y al opio, drogas cuasi legales para los momentos que comienza a adquirir los vaticinios de su futura prohibición por la adicción que crearía en sus consumidores y sus obvios efectos perjudiciales.

Thackery  mantiene su consumo para controlarse, para desarrollar sus amplitudes creativas en una profesión donde cada día se lucha por descubrir nuevas forma evitar hacer daño a los pacientes, e incluso matarlos.

El personaje central sirve como núcleo para introducir a un nuevo medico, el doctor Algernon Edwards interpretado por André Holland, quien lleva a cabo la labor de personificar al grupo de los primeros afroamericanos que ingresaron a los pabellones médicos, no como pacientes, ni enfermeros, solo como médicos jefes. En su caso, dada una falta de personal en el hospital, Edwars llegará para traer una experiencia envidiable de países europeos, donde en esos tiempos, la discriminación racial era menor.

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Así como la discriminación racial se palpa en los episodios, también sucede con la sexual, donde otra minoría comienza a adquirir protagonismo en estos momentos. La encargada del hospital, Cornelia Robertson (Juliet Rylance), refleja los primeros pasos de las mujeres en contextos ejecutivos, a pesar de ocupar este puesto al ser hija de uno de los socios mayoritarios del hospital.

Su vida va adquiriendo forma, deseos, desarrollándose como un ser profesional, útil, alejada de lo esperado, marcado por su labor en la cocina y sus complacencias maritales. Robertson, buscará la integración de género y racial en uno de los episodios históricos más complejos para esta ambición.

Otra serie de personajes crean la adicción al show, como la enfermera Lucy Elkins, la hermana Harriet, monja que realiza abortos clandestinos, y el humor ácido y cínico del conductor de ambulancias Tom Cleary.

Así, The Knick pareciera presentar rasgos comunes en historias de este tiempo, capaz un poco novelesca, pero marcado por un atrevimiento grotesco, una audacia y ojo que penetra en los nervios de una sociedad que apunta a nacer, pero muere en sus tabús, en sus odios, haciéndola adictiva.

Con solo una primera temporada, y la promesa de por lo menos una segunda, The Knick  se perfila como la promesa más interesante de una pantalla que cada vez más se alejada de la superficialidad y opta por rasgos más reales por más incómodos que pudieran considerarse.

Si quieren conocer más de The Knick, visiten su página de Tumblr en la que actualizan con detalles de cada uno de los episodios transmitidos.

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