Hace siglos se pensaba que era una forma de comunicación con Dios, recuerden a Juana de Arco. En la actualidad se dice que está asociado a la locura, sin embargo, en la literatura, las voces imaginarias son esenciales para la ficción. Virginia Woolf, quien estaría hoy de cumpleaños, fue una de esas escritoras impulsadas creativamente por sus voces internas.

En la ficción las voces pueden  servir de experimento para la creatividad artística en una obra. Vale recordar “Las horas” de Michael Cunningham, donde usa el recurso narrativo del flujo de conciencia al retratar a Virginia Woolf y a sus voces mientras escribía “La Señora Dalloway”.

¿Quién le teme a Virginia Woolf?

No es de extrañar que Cunninghan usó a Virginia Woolf para crear el hilo conductor de su obra. Virginia fue el estandarte de la escritura femenina que escuchaba voces,  “soliloqueaba”. Más allá de que se le conociera por ser la escritora suicida, condenada por su talento, Woolf fue mucho más gracias a eso tildado como “locura”.

Las agonías privadas de Woolf están detrás de su icónica imagen de glamour: entre los 13 años, cuando murió su madre, y los 33, cuando publicó su primera novela, sufrió una serie eventos psicóticos donde veía aves cantando en griego antiguo. A pesar de estos eventos esporádicos Virginia supo cómo vivir en el mundo exterior y manejar su imagen pública bajo la excusa de la neurastenia, trastorno con el que Woolf aprovechaba para alejarse de la sociedad cuando quisiera. No es de extrañar que a partir de esa excusa psicológica    escribiera “Una habitación propia” y esta obra inspirara a su amiga Vita Sackville-West para darnos la siguiente descripción en “Toda pasión apagada” (Alfaguara, 2016):

“Qué heridas eran más profundas: las desgarradas heridas de la realidad, o las hondas e invisibles magulladuras de la imaginación”.

No solo Sackville-West se sintió inspirada, las voces internas de Virginia Woolf fueron reclamadas como propias desde políticos hasta feministas. Hoy en día las voces de Woolf pueden ser un recurso para lectores científicos como los psiquiatras o terapeutas, inclusive ella misma afirmó que sus voces eran un “halo luminoso”, experiencias y objetos místicos de su propia investigación científica como escritora.

Vita-Sackville-west

¿Cómo usaba Virginia Woolf estas voces?

En cartas, diarios y memorias, Woolf narra cómo entrar en ese extraño lugar de la creación literaria le permitió llegar a una parte de su memoria donde los recuerdos se sentían más reales que el presente en sí mismo. A su vez, su obra de ficción, directa o indirectamente, explora este cambio en los estados mentales.

Puedo recordar dos, “Al Faro” y “La Señora Dalloway”. En “Al faro” , una de las novelas  autobiográficas de Woolf, el personaje de Lily Briscoe entra en su propia “zona extraña” después de la muerte de su amiga y anfitriona, la señora Ramsay. Si pensamos que Virginia Woolf escuchaba siempre la voz de su madre, en “Al faro” todo cobra sentido.

Por su parte en “La Señora Dalloway”, Woolf moderniza la figura del coro griego y la usa en la narrativa, haciendo ver a la multitud del coro como una voz dentro y fuera de la cabeza de su personaje principal.

Posiblemente por sus ideologías feministas y pro igualdad, Virginia Woolf sabía que nuestro ideal como sociedad era reconocer la gran diversidad de la raza humana, eliminando estereotipos, como por ejemplo, la asociación de voces con locura. Las novelas nos permiten escuchar y aprender lecciones políticas, éticas, así como significados cognitivos acerca de lo que sucede en nuestra mente en un diálogo sin fin con nosotros mismos, que en muchos casos, mejoran nuestro proceso creativo.

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